Antes de las primeras habitaciones hubo andamios. Antes de las maletas, cajas. Y antes de que alguien preguntara a qué hora servíamos el desayuno, hubo que imaginar cómo sería despertarse aquí.
En septiembre de 2021, después de meses pensando cada espacio, Plácido y Grata abrió finalmente sus puertas en el centro de Sevilla.
Han pasado cinco años. Y quizá lo más bonito de mirar atrás sea comprobar cómo aquel proyecto que entonces existía, sobre todo, en nuestra imaginación se ha convertido en un lugar vivido, compartido y querido por quienes han pasado por aquí.
El edificio ya llevaba mucho tiempo aquí antes de nosotros. Plácido y Grata ocupa una antigua casa señorial sevillana de finales del siglo XIX, reconstruida a comienzos del XX. Sus arcadas, las columnas de mármol, el zaguán, las vigas de madera o el patio hablan de una manera de habitar Sevilla que pertenece a otra época.
Cuando comenzó el proyecto de rehabilitación, que llevó a cabo el estudio de interiorismo y arquitectura Your Living Space en colaboración con Kiran Vasnani, la intención nunca fue borrar esa historia. Más bien añadir una nueva capa.
En su propuesta, plenamente alineada con lo que buscábamos, la arquitectura original conviviría con una forma más serena y contemporánea de entender los interiores, muy próxima al diseño nórdico. La luz del sur, la madera, los textiles naturales, la cerámica y los muebles escogidos para acompañar la vida cotidiana daban forma a un interiorismo amable, pensado para las personas. Un lugar donde bajar el ritmo y, por un momento, sentir que el tiempo no existe.
Durante estos cinco años han pasado por nuestras 15 habitaciones personas procedentes de infinidad de lugares. Algunas llegaron a Sevilla por primera vez. Otras volvían después de muchos años. Ha habido viajes de dos, viajes en familia, fines de semana improvisados, aniversarios, vacaciones largamente esperadas y escapadas decididas casi a última hora.
Personas que han cruzado el patio todavía medio dormidas para desayunar. Que han preguntado dónde cenar esa noche. Que han regresado cargadas de bolsas después de caminar durante horas por Sevilla. Que se han sentado junto a una ventana a leer. Que han trabajado un rato desde una mesa. Que han pedido otro café antes de salir.
Y en estos cinco años también ha habido quienes han vuelto. Quizá pocas cosas expliquen mejor la hospitalidad que ese deseo de regresar a un lugar en el que uno pudo sentirse a gusto, desconectar y recuperar otro ritmo. Un lugar en el que, por unos días, parecía que el tiempo no existía. Para nosotros, que alguien quiera volver, significa mucho.
Hay otra parte de estos cinco años que casi nunca aparece en las fotografías, pero que para nosotros es muy importante y siempre hemos intentado dejar clara: las personas que llegan antes de que se despierte el hotel.
Quienes preparan el desayuno, hacen las habitaciones, riegan las plantas, reciben a quien llega por primera vez, recomiendan un restaurante, preparan un café o recuerdan que aquel huésped que acaba de entrar ya estuvo aquí hace dos años.
Desde el principio, Plácido y Grata quiso hablar de hospitalidad en su sentido más sencillo: recibir bien. De hecho, el nombre fue escogido precisamente para representar esa idea. Plácido, como algo tranquilo y apacible. Grata, como esa pequeña invitación a apreciar aquello que tenemos delante.
«o recuerdan que aquel huésped que acaba de entrar ya estuvo aquí hace dos años.»
Con el tiempo hemos entendido que esa intención inicial no estaba tanto en los muebles, ni siquiera en la arquitectura, como en los pequeños gestos que se repiten cada día. Y detrás de ellos siempre hay personas.
Por eso estos cinco años pertenecen especialmente al equipo que ha hecho posible que aquella idea dibujada sobre un plano pudiera mantenerse viva los 365 días del año. A quienes están hoy y a quienes estuvieron en algún momento de este camino: gracias.
También ha cambiado nuestra relación con la ciudad. Cuando abrimos este hotel boutique pensamos mucho en qué Sevilla queríamos enseñar a nuestros huéspedes. Cinco años después, quizá hemos aprendido que no existe una sola.
Está la Sevilla monumental que todos vienen buscando y esa otra que aparece caminando sin demasiada intención: una pequeña tienda, una exposición, una iglesia abierta inesperadamente, un bar al que volver al día siguiente o una calle que, a determinada hora, tiene una luz especial. Durante estos años hemos intentado compartir ambas. Este blog es un ejemplo de ello.
Nos gusta pensar en Plácido y Grata como una casa temporal. Un lugar al que regresar después de pasar el día fuera y en el que, durante unas noches, dejar el libro sobre la mesilla, los zapatos junto a la cama y algunas cosas propias desperdigadas por la habitación. Esos pequeños gestos con los que cualquier espacio empieza a parecerse un poco más a casa.
Cinco años parecen mucho cuando recordamos aquella primera obra. Y muy poco cuando pensamos en todo lo que todavía puede ocurrir aquí.
De aquel hotel todavía cubierto de polvo quedan algunas fotografías, muchos recuerdos y, sobre todo, la misma ilusión por hacer que quien cruza la puerta encuentre un lugar agradable al otro lado. El resto ha ido llegando con el tiempo.
Personas. Conversaciones. Desayunos. Viajes. Encuentros. Reencuentros. Días ordinarios y días que alguien recordará durante mucho tiempo. Eso es, al final, lo que estos cinco años han añadido al edificio.
Vida.
Gracias a quienes estuvieron desde el principio, a quienes se incorporaron después y a todas las personas que alguna vez habéis dormido, desayunado, tomado un café, trabajado, celebrado, descansado o simplemente pasado un rato aquí.
Gracias por hacer vuestro este lugar. Y gracias por estos primeros cinco años.
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